El círculo y el desnudo son los temas principales de esta exposición. Dos poderosos símbolos profundamente arraigados en la historia del arte universal.

El significado del símbolo artístico siempre es ambiguo y metafórico pues conduce al núcleo vital de lo humano, el inconsciente. Para diversas corrientes espirituales y en la psicología contemporánea el círculo es el arquetipo de lo absoluto. Inscrito en el cuadrado o el rectángulo representa la unión de lo espiritual con lo terrenal, de lo ideal con lo real. Para mí, es simultáneamente límite y apertura, espaciosidad y energía… unidad y equilibrio.

En mi trabajo los primeros círculos se hicieron presentes en los someros paisajes de la serie “Astros”. Mediante un proceso formal y expresivo, la estructura espiral, presente en las rosas de anteriores etapas, evolucionó hacia la forma circular. Esta, alzada respecto del centro geométrico del lienzo, se torna ligera e ingrávida. Desde este sencillo patrón, el tratamiento matérico y el color me han permitido recrear las variaciones de las series “Ruedas” y “Círculos”.

El desnudo es una de las grandes aportaciones de la cultura griega que, con modificaciones, continúa vigente en el arte contemporáneo. Mediante este género Grecia estableció un modelo de belleza que el neoclasicismo simplificó al relacionarlo fundamentalmente con lo apolíneo frente a lo dionisíaco. Nietzsche invirtió esta noción cuando descubrió que en el periodo preclásico, Dionisos y Apolo fueron divinidades complementarias y no opuestas como se había creído hasta entonces. Consideró por tanto que el desarrollo del arte se hallaba estrechamente vinculado a la dicotomía existente entre ambas polaridades.

Apolo es la deidad de la luz y la razón que hace visible el orden y la medida simbolizando la conquista de la espiritualidad. Dionisos encarna las formas primordiales de la vida. Es el dios de lo perturbador y lo nocturno que se manifiesta mediante el caos estimulando la inspiración y la intuición.

Evocando la tradición griega, “La edad de Oro” de Ingres describe el estado ideal de la humanidad anterior a la civilización. Durante 2009 trabajé diversos fragmentos de esta obra, lo cual me llevó a investigar las representaciones grecorromanas de ritos dionisíacos y bacanales. Así, parte de la temática figurativa de esta muestra abraza aspectos y personajes de dichas ceremonias. En éstas, las ménades, bajo los efectos del vino, la música y la danza, accedían al mundo del inconsciente alcanzando la comunión con la divinidad.

Las ménades representan el impulso de transgresión y liberación; la música y la danza el poder curativo del arte… por esto he denominado a la serie “Catarsis”. Contrariamente, “Retrato colectivo” posee un tono apolíneo. Desde un espacio indefinido y atemporal, este armónico grupo contempla, serenamente, al espectador. El anhelo de bien y belleza es comprensible y necesario pues el dolor y el  sufrimiento forman parte de la existencia. Muchas son las formas de sabiduría que interpretan la realidad como un perenne fluir de opuestos y la armonía como su trascendencia. Lo masculino no lo es sin lo femenino, lo apolíneo sin lo dionisíaco, la vida sin la muerte…

Tres vanitas, basadas en exvotos funerarios griegos, cierran la exposición.

Amaya Aranguren Arrieta.

Texto para el catálogo de la exposición “Pinturas 2014-2017”. El Polvorín. Pamplona, 2017.