Hace mucho tiempo leí “Cartas a un joven poeta” de Rainer María Rilke. Esta obra determinó el sentido que desde entonces tiene para mí la creatividad, la cual entiendo como una tarea solitaria, estrechamente vinculada a la vida y cuya máxima exigencia es la aceptación de la propia ignorancia. Aceptada la necesidad de pintar, debe hacerse en cualquier circunstancia. Así, la mayor satisfacción que este compromiso puede aportarme es la de poder seguir trabajando.

Desde hace casi doce años me dedico a la enseñanza del dibujo artístico, lo cual me permite pintar más libremente. La propia tarea docente contribuye a enriquecer el trabajo creativo. Entre el aula y el estudio existen muchísimas conexiones, pues en ambos espacios las búsquedas pueden hallar respuestas.

Nunca olvidaré mi reencuentro con la Academia… Las blancas e inmóviles estatuas me llenaron de perplejidad. Intentar llevar a cabo de una forma más objetiva y armoniosa la tarea docente y la creativa me obligó, desde mi formación más moderna, a cuestionar y revisar muchos aspectos relacionados con la práctica artística. Con la perspectiva proporcionada por los años entiendo que he ido tratando de comprender y superar el eclecticismo en el que, por una cuestión generacional, me hallaba inmersa… Y desde luego, no porque desapruebe la diferencia y la diversidad, sino porque estimo que una opción estética no es una mera elección, pues su forma y contenido deben explicarse desde la necesidad de expresión. Estas fueron algunas de las razones por las que inicié los estudios de filosofía.

Decía Degas que el dibujo “no es la forma, sino la manera de ver la forma”. Mirar la configuración de los seres y las cosas posibilita, desde su esencialidad, una reflexión primordial sobre el sentido de la representación, el lenguaje plástico y sus vinculaciones con la expresión.

El dibujo está cada vez más presente en mi trabajo. Los densos trazos que construyen la forma me hacen sentir que seres, cosas y pensamientos quedaran atrapados. El color, más intuitivo y emocional, aún hallándose sometido a la forma, estructura lo sutil e inaprensible de los sentimientos. Las relaciones entre ambos se resuelven en una precaria armonía originada en el sometimiento de la materia, el gesto y el azar a la forma.

Amaya Aranguren Arrieta.

Texto para el catálogo de la exposición en la Sala Juan Bravo de Madrid.